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sábado 03 de diciembre de 2022

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10/27/22

La gran macro

Pablo Schiaffino

Es indudable que la seguidilla de rarezas macroeconómicas del último tiempo dejaron un mundo muy distinto al que se esperaba para la primera parte de la década del 20. La Belle Époque en la era de las redes, con occidente a la cabeza, disfrutó de baja inflación, tasas bajas, fiebre por los emprendimientos (algunos serios, otros un poco ridículos), Netflix, Spotify, el desarrollo del metaverso y el sueño de la exploración aeroespacial en manos de los privados. 

Pero todo parece estar un poco raro y ese mundo se pone en paréntesis, al menos momentáneamente, ya que existen otras urgencias más apremiantes. En la actualidad reapareció la inflación, un dinosaurio extinto que no se veía desde principios de los ochenta. Y con ello la suba de tasas y el fin del exceso de liquidez que papeó activos por doquier, mientras las economías desarrolladas alcanzan niveles de deuda solo comparables a las existentes cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial.

Todo se vuelve peor si le sumamos las restricciones de oferta por la triple C:

  • Conflicto político (Ucrania y su impacto sobre los alimentos y la energía)
  • Crisis climática (sequias que generan escasez de agua que dificultan la producción de microchips)
  • Covid (China y su política de cero-Covid que incrementan las restricciones dentro de su territorio).

Como dos autos a toda velocidad que van hacia un choque de frente, la oferta inelástica de bienes choca con la demanda que entre 2020 y 2021 fue fogoneada por una política monetaria y fiscal expansiva (y con el diario de lunes, tal vez excesiva).

Los mercados, ahora, miran con atención los niveles de endeudamiento de los gobiernos y los flujos futuros de los resultados fiscales. Aquí es donde viene, tal vez, una suerte de Peronización del mundo. Las tasas de interés serán estas o tal vez un poco más altas, pero difícilmente sean mas bajas. Lo suficiente como para mantener la inflación a raya. Si, una inflación de 8% en dólares, por ejemplo, no seria deseable, pero tampoco menos del 4%.

Y en parte porque si bien cierto ordenamiento fiscal de las economías es recomendable (esto ya se puede ver con el achicamiento progresivo del déficit en Estados Unidos del último tiempo), tampoco será tan significativo “el ajuste” y los stocks de deuda irán bajando, más que todo, con la licuación de los pasivos.

Por este motivo los gobiernos, partiendo de esa premisa, difícilmente vayan por una tasa real de interés “muy positiva”, porque entienden que la forma de financiar los pasivos tendrá que ser, en mayor o menor medida, con impuesto inflacionario. 

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