M

No tienes cuenta? Regístrate!

M

Bienvenido a la comunidad más grande
de periodistas y lectores comprometidos
con la información!

No tienes cuenta? Regístrate!

M

GURÚS

Noticias

Sobre FinGurú

Contacto

domingo 26 de junio de 2022

Economía y finanzas

Tecnología e innovación

Política y sociedad

06/10/22
La historia de la inflación – Parte 2
Agustin Arnal
06/10/22
La historia de la inflación – Parte 2
Agustin Arnal

Argentina en 2001

Otro salto en el tiempo nos trae a una de las etapas más picantes de la historia Argentina: 2001. Sin embargo, y contrario a lo que se podría esperar, este ejemplo sirve para mostrar una de las ventajas de la inflación. Sí, así, como suena.

¿Qué fue lo que pasó, puntualmente? Argentina venía de 10 años sin inflación, logrados a fuerza de atar el peso al dólar. Hacia fines de 2001, el sistema se volvió inestable porque muchos de los dólares que respaldaban al peso venían de deuda, y eran transitorios. Cuando los dólares faltaron, no se pudo sostener el valor del peso, y, similar a las monedas romanas con menos metal noble, esto generó inflación. Con el agregado que, en Argentina en 2001, mucha gente tenía un alto nivel de deuda (Hipotecas, Prendas, y préstamos de todo tipo). Uno creería que este era un combo explosivo, pero justamente la deuda fue un alivianante.

¿Cómo? Para resumir, mucha gente tenía préstamos en pesos, a tasa fija. ¿Qué significa esto? Que se devuelve, supongamos, un 10% más de lo que se pidió prestado. Como la tasa era fija, aunque la inflación subiera, lo que se tenía que devolver estaba pactado de antemano. Con la crisis de 2001, la inflación se fue a 40%. Mucha gente, de esta manera, terminó devolviendo menos de lo que pidió prestado, solamente porque la inflación hizo que esa deuda valiera menos. Este efecto se llama licuación, y es una de las pocas ventajas que tiene la inflación.

¿Cómo funciona? Bueno, volvemos al ejemplo. Supongamos que sacamos un préstamo por $100. Si la inflación es de 40%, significa que los $100 que pedimos, en un año valen $140 (asumiendo que no los hayamos guardado en forma de billete). Sin embargo, por el acuerdo original, tenemos que devolver $110 (recordemos: tasa de interés del 10%). Si tenemos que devolver $110, pero lo que pedimos prestado vale $140, significa que lo que devolvimos es menos de lo que hoy vale lo que pedimos prestado. Retorcido, pero cierto.

Justamente, por esto entre otras cosas la recuperación argentina posterior a la crisis fue tan rápida: las personas y empresas que tenían deudas, pudieron cancelarlas más fácil gracias a que el valor real de estas se había achicado muchísimo. Entonces, ¿siempre conviene estar endeudado? No tan rápido. Esto solamente funciona si la inflación es mayor que la tasa de interés, o bien, si la inflación aumenta más que la tasa anteriormente pactada. Endeudarse siempre tiene sus riesgos, como puede tener sus beneficios.

Tercera conclusión: la inflación beneficia a los endeudados a tasas fijas, vía licuación.

Argentina en 2015

Este viaje temporal es más corto, y nos trae a un episodio que probablemente todos conocemos de memoria. Diciembre de 2015, Macri asumiendo a pleno baile en el balcón de la Casa Rosada. Más allá de la anécdota, su administración decidió achicar lo más posible todo tipo de subsidios a los servicios públicos. Independientemente del resultado de la decisión, lo interesante es el diagnóstico y los síntomas en torno a esta.

¿Qué pasaba? Hacia fines de 2015, los servicios públicos (agua, luz, gas, transporte) tenían una muy alta carga de subsidios en el AMBA, lo cual generaba dos situaciones puntuales: por un lado, los precios de estos servicios estaban muy por debajo de sus costos, y por otro, estos subsidios generaban un exceso de gasto que luego debía ser financiado.

Vamos a la primera. Los precios en dólares de las tarifas de servicios públicos eran seis veces mayores a fines de 2019 respecto de fines de 2015. Vamos al ejemplo concreto: un millón de hogares pagaban menos de un dólar de factura de luz, menos que el precio de un alfajor. Una de dos: el alfajor está caro o la luz muy barata. ¿Cuál será la correcta? Humor aparte, este problema tan gráfico genera desbalances muy concretos: por un lado, cuando algo está barato, uno quiere consumir más, y por otro, si uno produce un bien que se vende barato, no gana plata, y no puede (ni quiere) invertir en seguir produciendo. ¿Traducción? Todos prendemos el aire acondicionado, y tenemos cortes de luz. ¿Les suena? Este es un claro ejemplo de desbalance de precios relativos, y justamente genera enormes ineficiencias a la hora de consumir, invertir, y esto desemboca en que la economía crezca menos.

Lo curioso es que los gobiernos buscan subsidiar estos servicios precisamente para proteger a la población de la inflación, pero terminan generando lo opuesto. Por un lado, en el corto plazo, generan desbalances en los precios relativos (el alfajor cuesta lo mismo que la luz), y por otro, para financiar estos subsidios se agranda el gasto público. Como vimos, esto redunda nuevamente en nuestra estrella del show: más inflación.

Los economistas hacen esfuerzos enormes por hablar de la importancia de los precios relativos, cuando los ejemplos son claros y están a la vista. El de los subsidios y la luz es uno de ellos.

Cuarta conclusión: uno de los efectos de la inflación son los desbalances en los precios relativos, que generan graves ineficiencias.

Refugios para Doña Rosa: ¿Cómo nos protegemos de todo esto?

Existen distintas formas, muchas de ellas combinables, que le permiten a Doña Rosa «no perder» contra la inflación. Como dijimos, la más conocida es ir «fuerte, al medio»: all-in al dólar. No hace falta explicar mucho, pero lo interesante de esta estrategia es que supone que el dólar va a evolucionar parecido a la inflación. Tarea para el hogar: ¿qué pasa si la inflación le gana al dólar?

Otra forma bastante usada es comprar bienes «que te quedan para siempre» (o sea, durables): auto, lavarropas, microondas, etc. El supuesto principal es que si compramos estas cosas, su precio va a subir a la par de la inflación, por lo que «no perdemos» plata.

Yendo a estrategias un poco más sofisticadas, nos encontramos con comprar lo que se llaman activos financieros. Ejemplos: bonos, acciones (argentinas y del exterior), etc. En este caso no solamente se busca no perder, sino que se busca ganar. En criollo: si vamos con esta estrategia, ya no solamente estamos ahorrando, además estamos invirtiendo. Para este tipo de estrategias es necesario abrir una cuenta comitente, y elegir qué activos vamos a comprar. Nada de qué asustarse: en todos los bancos se van a pelear por ayudarnos a usar esta herramienta (porque ellos también ganan, por supuesto).

La cuarta, «prima hermana» de la anterior, pero no para los millennials, directamente para los centennials, es comprar criptoactivos. Si Doña Rosa es una metáfora perfecta, Bitcoin es su exacto equivalente en términos de crypto. La realidad es que este tipo de activos ha evolucionado en su -por supuesto, breve- historia, y podemos encontrarnos con varias opciones para implementar esta estrategia. Bitcoin, Ethereum, USDT (versión digital del dólar), etc. son algunas de las más conocidas. Ojo: son activos con mucho riesgo, y hay casos conocidos de enormes pérdidas por no medir los riesgos. A investigar bien antes de comprar.

Como vemos, la inflación es un tema que nos lleva desde la historia antigua hasta el futuro. Moraleja: a acostumbrarnos a ella, y a sacarle provecho.

No te pierdas la PARTE 1 de esta nota en donde te contamos los principios de la inflación en la Antigua Roma. 

¿Deseas validar la nota?

¿Qué es Validar una nota y por qué hacerlo?

Al Validar estás certificando que lo publicado es información correcta, ayudándonos a luchar contra la desinformación.

0 comentarios

Enviar un comentario