24/2/2022 - Economía y Finanzas

¿Cómo diversificar nuestra cartera de manera inteligente?

Por Gustavo Neffa

¿Cómo diversificar nuestra cartera de manera inteligente?

Los pequeños inversores no poseen las mismas herramientas como terminales de datos Bloomberg o Reuters, ni el tiempo, ni el conocimiento como para poder optimizar sus portafolios para poder ganarle al mercado. Ni siquiera es su objetivo. Los inversores minoristas, en promedio, se conforman con preservar el poder adquisitivo de la moneda en la cual invierten (ganarle a la inflación) y ganarle idealmente y al mismo tiempo al dólar, al menos en Argentina, pero también es aplicable a cualquier país emergente o que posee un mayor riesgo al promedio.

Se puede aprender mucho de los grandes inversores institucionales: veremos en esta nota que la necesidad de diversificar una cartera de inversiones es una lección que los inversores nunca terminan de aprender y de aplicar, más allá de sus conocidos beneficios.

¿Cómo diversificarse de manera inteligente? Los grandes inversores poseen elevadas cantidades de dinero que asignan en muchos activos, porque justamente poseen mucho dinero bajo administración. La regla básica consiste en no comprar más de 2,5% de una acción o activo volátil (el porcentaje es subjetivo y depende del tamaño del fondo). Una caída del 10% en una acción no impactaría más de 0,25% en el portafolio. Claro está, los pequeños inversores pueden diversificar menos y, por lo tanto, cometer grandes errores. Pero es posible aplicar dichas reglas, e incluso para montos muy pequeños comprar fondos comunes de inversión de renta variable que lo aplican al máximo si es que no se tiene el tiempo o los conocimientos para seguir de cerca a las inversiones, dos aspectos no menores que juegan siempre en contra de los pequeños inversores poco sofisticados y que no viven de eso.

Dado que la volatilidad de los activos financieros tomados en forma individual existe y que su concentración puede ser muy dañina para un portafolio de inversiones, analizaremos el concepto de diversificación en una cartera, las herramientas básicas para calcular el riesgo de un portafolio y la manera de mitigar sus efectos.

El beneficio que nos provee en nuestro portafolio no concentrar demasiado las tenencias en unos pocos activos es fácil de entender, pero difícil de aplicar en la práctica.

Si bien la desviación estándar, que capta la volatilidad, es una de las medidas de riesgo más conocidas, no es la única y no siempre es la que mejor predice el riesgo futuro. Pero es lo que hay y lo que se toma en cuenta. De hecho, el modelo de equilibrio general llamado Capital Asset Pricing Model (CAPM) no utiliza el desvío estándar como medida de riesgo sino sólo una parte dentro del cálculo del riesgo de un activo en relación al promedio de mercado de referencia, que se denomina beta.

Además de la volatilidad de un activo, existen muchos factores que serían muy difíciles de modelizar a la hora de analizar una acción o un bono, como lo son la liquidez, la calificación crediticia, el management, la opción de rescatar una emisión, la opción de convertirla, el riesgo de seniority o prioridad de cobro en el caso de insolvencia financiera, etc. Pero bien podría asumirse que la volatilidad capta todos esos riesgos, que tornan más volátil a un activo. Es como decir que la cotización de una acción debería reflejar todo lo bueno y lo malo que ocurre detrás de una empresa (siempre y cuando los mercados sean perfectos, cuando sabemos perfectamente que en la práctica no lo son).

El riesgo individual de cada activo se puede eliminar o diversificar, es el llamado riesgo no sistemático. Pero si bien existen beneficios de la diversificación, el riesgo de un portafolio no se puede eliminar totalmente sino minimizar, porque siempre los inversores se van a quedar con el riesgo de mercado o no diversificable, llamado precisamente así porque es imposible no asumirlo, es el riesgo inherente a determinada clase de activo o país. Si compramos y vendemos acciones en un mercado desarrollado, seguramente asumiremos menos riesgo que si lo hacemos en acciones argentinas, pero siempre se tendrá que asumir el riesgo accionario del mercado norteamericano, que es superior al de un bono de ese país.

El cálculo del rendimiento de un portafolio es sencillo. El rendimiento de un portafolio de activos (esperado o bien proyectado, depende de la tarea que estamos realizando) puede ser calculado como el promedio ponderado de los rendimientos esperados de los activos que componen ese portafolio. La ponderación de cada activo se realiza en función de su participación porcentual de cada activo dentro del portafolio.

En cambio, el cálculo del riesgo del portafolio es un poco más complicado, dado que no sólo influye el promedio ponderado de las desviaciones de cada activo, sino que también influye la correlación entre los mismos, que permite disminuir el riesgo total del portafolio, hecho que analizaremos a continuación.

Pongamos un ejemplo sencillo: si poseemos acciones de una sola empresa en nuestra cartera, recibiremos el 100% del impacto negativo de un hecho económico que nos perjudique, como una empresa petrolera frente a una fuerte baja en el precio de la materia prima, que es su principal fuente de rentabilidad en empresas maduras, como supongamos que es la nuestra.

Pero si decidimos diversificarnos en forma inteligente, es decir no comprando más acciones de empresas petroleras (que es una manera de diversificarse, pero no en forma inteligente), y compramos acciones de empresas que podrían reaccionar favorablemente a ese mismo hecho económico, recibiremos inmediatamente y a largo plazo los beneficios de la diversificación. Decidamos ahora incorporar acciones de una aerolínea, previo estudio de sus fundamentals y eligiendo la mejor empresa acorde a criterios estandarizados de análisis de rentabilidad, solvencia, endeudamiento, entre otros aspectos. La aerolínea se verá beneficiada ante la baja del precio del petróleo, ya que uno de sus derivados es el insumo para poder hacer volar a los aviones.

Asumamos que los escenarios buenos y malos ocurren con la misma frecuencia. El impacto del resultado neto combinado de dos empresas totalmente antagónicas, como por ejemplo una fábrica de helados y otra de pulóveres, hace que las ganancias se estabilizan en el tiempo y la volatilidad se reduzca.

Se puede tener la mala suerte de contar con acciones de una sola empresa y que se de el escenario adverso: pulóveres en verano o helados en invierno.

Un inversor que posea acciones de cualquiera de las dos empresas tendrá ganancias volátiles. Y eso es precisamente lo que se trata de evitar diversificándose: que las ganancias del conjunto se vuelvan estables y, por ende, sus cotizaciones en el mercado (que deberían reflejar esto último).

La varianza del portafolio depende de las varianzas de cada activo, pero también depende de la covarianza que existe entre ellos, es decir como covarían los dos activos entre sí: como regla general, si los impacta las mismas variables no será una diversificación inteligente.

Para medir qué tan bien estamos diversificamos tenemos que conocer el coeficiente de correlación entre dos activos: la matriz de varianzas y covarianzas o la matriz de correlaciones son las que van a mostrar las relaciones entre todos los activos. Cuanto más baja la correlación, mejor. Dicho índice puede tomar valores entre 1 y –1: si dos activos tienen correlación igual a 1, es que tienen correlación perfecta, o sea que cuando el precio de un activo sube 1%, el otro sube 1%. Si dos activos tienen correlación igual a –1, es perfecta la correlación pero inversa, o sea que cuando un activo sube 1% el otro baja 1%.

¿Con cuántos activos se puede minimizar el riesgo del portafolio? Depende de la clase de activo y del mercado en el que estemos operando. No es lo mismo tener por ejemplo 100 empresas en EE.UU. cuyo índice más representativo, el S&P 500, tienen cinco veces más de compañías en un mercado muy amplio, que tener las pocas empresas del índice S&P Merval de Argentina que concentran el 80% de la combinación de las operaciones y del volumen operado en monto.

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gustavo neffa

Gustavo Neffa

Soy Gustavo Neffa. Director de Economía y Finanzas en FinGurú. Socio y director de Research for Traders, liderando un equipo de analistas de mercados. Me desempeñé los últimos 24 años en el sector financiero tanto en entidades domésticas como de capitales extranjeros, habiendo ocupado el puesto de Analista de Research Senior en Macrosecurities del Banco Macro y en el BBVA Banco Francés, además de analistas económico junto al economista en jefe del BBVA Banco Francés. También soy profesor en materia de Finanzas Corporativas, Administración de Carteras de Inversión, Valuación de Activos Financieros, Valuación de Proyectos de Inversión y Finanzas Internacionales en diversos MBAs y cursos de postgrado en Buenos Aires y en el interior del país y profesor del MBA de la UNLP y de la UNNE de valuación de activos financieros, y del postgrado en Mercado de Capitales de la UBA en convenio con ByMA. Codirector del Programa de Finanzas Avanzadas de la UNLP.

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