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04/04/22

Armas de doble filo

Gustavo Ammaturo

 

En el entendimiento de que toda manifestación bélica es trágica, decadente y primitiva, creo que cualquier demostración de poder que ejerzan fuerzas superiores sobre otras menores evidencian debilidades en las dos partes. Las pequeñas, que se encuentran en desventajas de tamaño e infraestructura, frente a las mayores que carecen de capacidades de diálogo y convencimiento a pesar de las amenazas que su poderío ofrece.

Tal vez, una de las principales enseñanzas de aquel militar japonés, Sun Tzu, en su obra, “El arte de la guerra”, sea que si se enfrentan dos buenos generales jamás habría guerra, pues cada uno evaluaría fortalezas y debilidades de ambos lados con idoneidad, invitando este análisis al reconocimiento del más débil y a la generosidad del más fuerte.

La guerra entre Rusia y Ucrania, si se pudiera llamar así, pues en realidad se trata de la invasión de un estado por sobre otro, ha desatado otras batallas, tan belicosas, trágicas, decadentes y primitivas como la principal, solo que en este caso las armas no cargan pólvora sino dólares y el trabajo de millones de personas que se ven postergados o desperdiciados.

Numerosas instituciones no gubernamentales se han sumado, no solo a condenar sino a tomar represalias, a modo de castigo, al pueblo ruso, confundiendo o fundiéndose en un único sujeto a su presidente, Vladimir Putin, con todos los ciudadanos de este país.

Organizaciones deportivas que han cancelado o suspendido actividades, equipos o deportistas de nacionalidad rusa. Empresas de tecnología han cancelado licencias de uso de plataformas en línea o incluso, los pocos proveedores de microchips que hay en el mundo suspendieron los envíos de suministros por tiempo indeterminado.

Ni hablar del sistema bancario y financiero internacional de occidente que además de congelar y embargar fondos del estado invasor ha tomado acciones sobre empresas y empresarios de nacionalidad rusa, amalgamando en un todo a cualquier cosa que pueda tener orígen o interés asociado a esta nación.

Todo vale en medio de una guerra financiera. Sacar a los bancos rusos del sistema swift que los vincula con las transferencias internacionales o deslistar las acciones de las empresas más grandes de las principales bolsas de comercio del mundo.

Putin es Rusia y Rusia es Putin, ¿no hay nada ni nadie más?.

Al igual que con la gran mayoría de los procesos de la humanidad las cualidades cíclicas de los movimientos históricos nos alertan que esto ya pasó y principalmente de cómo puede seguir.

El uso discrecional de medidas y métodos que afectan a una sociedad, que también es víctima de las decisiones que toman los verdaderos responsables, puede producir aquel fenómeno, tan bien definido por el escritor Jorge Luis Borges al decir: “no nos une el amor sino el espanto”.

Una guerra sin balas pero que igual empobrezca a la población de una nación, o le quite la conexión con el mundo vía la suspención de Internet o en la que desaparezca el entretenimiento por la cancelación de eventos artísticos y deportivos puede, también, generar el espíritu de cuerpo que produce en un pueblo ver desfilar tanques y aviones enemigos por las calles y los cielos de su país.

Lo que en principio es la guerra de Putin y algunos pocos que por convicción o conveniencia lo siguen, puede convertirse en la guerra de Rusia, y esto sí que sería muy grave pues el principal dique de contención que tienen las posibilidades bélicas del presidente yacen dentro de sus fronteras.

Desconsiderar las necesidades y posibilidades del pueblo de Rusia, de sus principales empresas, que emplean globalmente millones de personas, de sus millonarios que poseen intereses en todo el mundo, o de incluso, dirigentes que pueden estar en contra de las acciones militares pueden dejarles como única opción, sumarse a la guerra.

El enemigo exterior es, sin dudas, un nexo que une a las sociedades de todos los tiempos. Las circunstancias adversas comunes producen empatía entre las personas que las padecen, incluso sin tener en cuenta que muchas veces terminan del mismo lado de quienes las han provocado y distantes de quienes las puedan cambiar.

Es probable que la mejor manera de resolver la situación entre Ucrania y Rusia esté muy lejos de buscar doblegar al pueblo ruso, sino por el contrario, diferenciándolo con quienes toman estas decisiones.

El concepto arma de doble filo se utiliza, usualmente, para referir a determinadas acciones o dichos que pueden producir el efecto contrario al deseado en el marco de una discusión o intercambio de opiniones. El doble filo se encuentra en ambos extremos de la hoja, en consecuencia, quien porta el arma también puede recibir los cortes.

Los mensajes malintencionados, o al menos errados, previos al inicio de las acciones militares promovidas por potencias que pretendían prevenir con amenazas a Putin, limitaron sus posibilidades políticas en la negociación sobre la situación con Ucrania. Abandonar las acciones militares significaban una derrota política con implicancias tanto en la relación con Ucrania, como en la geopolítica internacional, y, principalmente en el frente interno.

Biden acorraló con sus discursos amenazantes a un oso enfurecido, que sin otra opción atacó, alejando un poco más una salida elegante en este conflicto.

Las dos potencias han empuñado armas de doble filo.

Ambas manos están teñidas con la misma sangre. ¿Cuán profundas serán las heridas en cada uno de los presidentes?

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