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11/18/22

Geopolítica mundialista: el silencio emergente

Stefanía Bargardi
Geopolítica mundialista: el silencio emergente

Durante mis estudios universitarios tuve el placer de contar con un gran profesor (del cual no voy a dar el nombre ya que es modesto) que sostenía que las guerras mundiales ya no se librarían a nivel bélico (hard power) sino que los enfrentamientos serían en los mundiales de fútbol. Un poco haciendo referencia a las batallas culturales e ideológicas que buscaban dominación a través de la influencia del soft power. Y cuánta razón. Los trasfondos políticos que marcaron los mundiales (ya desde el Siglo pasado) demuestran la impronta de la realidad coyuntural; el poder reflejado a través del deporte, pero que incluye mucho más que fútbol: factores económicos, sociales, culturales y políticos; pero también ideológicos y religiosos. La utilización política de los mundiales, o mejor dicho la demostración de poder a través de ellos se remonta al inicio de los mismos, aunque para ejemplificar mejor analizamos las características de los casos más polémicos.

 

La FIFA es el organismo internacional que nuclea a todas las asociaciones de fútbol, beach football y futsal; esta nació en 1904 con el objetivo de organizar campeonatos mundiales en los que se compite con seleccionados nacionales por país. El origen deportivo y amistoso de la organización derivó en el núcleo de poder más grande y representativo del mundo, la FIFA tiene 211 selecciones miembro, representando incluso a Naciones con disputas territoriales y políticas que no tienen representación dentro de las Naciones Unidas y nucleando también a las asociaciones continentales y regionales de fútbol como la CONMEBOL. Sí, la ONU tiene 193 miembros soberanos mientras que la FIFA 211, y mientras ambas cuentan cuentan con una Asamblea General con votos igualitarios, las Naciones Unidas tienen un Consejo de Seguridad con capacidad de veto (no tan igualitario) de sus miembros permanentes, así que vaya si la FIFA no es más representativa… Pero ¿Será más democrática y transparente?

 

Concentración de poder

Una cualidad de la FIFA es que no es un organismo de derecho internacional público porque se trata de una asociación privada al estilo ONG cuyo propósito es el desarrollo del fútbol y la cooperación de todos sus miembros para distintos fines como la organización de la Copa del Mundo y la reglamentación de este deporte. Lo paradójico es que nuclea a seleccionados oficiales que representan a países y que fomenta valores dentro del orden occidental de la ética y la moral (o por lo menos eso figura en su estatuto). Entonces, cómo juzgarlo dentro de un marco legal privado con intereses públicos e internacionales que involucran poder, dinero y geopolítica. Además, se trata de una organización sin fines de lucro que no supone ganancias sino para desarrollar sus fines pero que a su vez hizo del deporte un negocio y de los hinchas clientes.

El Mundial de Fútbol se convirtió en el evento televisivo más visto del mundo en vivo y que origina miles de millones de dólares en ingresos directos e indirectos a la propia organización, a las marcas, a los bienes y servicios ofrecidos durante la competencia y a la capitalización y cotización de jugadores y cuerpos técnicos, líderes y personajes concurrentes.

 

La aquiescencia autoritaria

Solo por mencionar, algunos de los casos más controversiales de la historia del fútbol en cuanto a la organización de mundiales, la contradicción con los valores de la FIFA y la utilización del deporte para llegar y permanecer en el poder…

  • Mundial Fascista: La copa de 1934 (segundo mundial luego del de 1930 en Uruguay y anterior a los Juegos Olímpicos de la Alemania Nazi en 1936) fue organizada en un contexto de antesala a la Segunda Guerra mundial y con Europa dominada por el régimen fascista en Italia y el ascenso de Hitler en Alemania. La candidatura y el triunfo de Italia estuvo marcada por amenazas y presiones públicas a los demás solicitantes como sede y a los jugadores de la selección italiana y sus contrincantes. Fue utilizada como medio propagandístico de la política de Mussolini con la difusión de la disciplina autoritaria y totalitaria patriótica, racista y violenta. Buscaba no solo la adhesión de seguidores sino la intimidación e imposición de una cosmovisión y liderazgo sin alternativas, que utilizó al mundial como una vidriera para mostrar su poder. Una maquinaria propagandística global.

 

  • Mundial pantalla: En 1978 ya con un contexto de reconocimiento de los Derechos Humanos básicos y universales, procesos de descolonización, Guerra Fría y Globalización, Argentina fue elegida como sede mientras se desarrollaba la Dictadura Militar más sangrienta de la historia del país, con cuestionamiento de organizaciones internacionales de Derechos Humanos, persecuciones, secuestros y asesinatos. Con un final anunciado en el que ganó Argentina involucrando amenazas por parte de las Fuerzas Armadas a los equipos adversarios, la euforia y unión colectiva terminaron luego de un periodo de cese al fuego en el que se mostraba por televisión una “normalidad” ficticia de convivencia pacífica que con la culminación del mundial volvió a mostrar su cara más sangrienta. Un país con política fragmentada que vió en la selección un sentimiento homogéneo y colectivo, como un faro de esperanza en la triste realidad que se vivía y se tapaba. El mundial funcionó como una cortina de humo para la comunidad internacional y el inconsciente colectivo nacional.

 

  • Soccer globalizado: Con el objetivo de universalizar el “soccer” y llegar al mercado más grande, consumista y hegemónico del momento Estados Unidos fue elegido sede mundialista en 1994. Con la caída del muro de Berlín y el Unipolarismo desbalanceado en favor de los americanos, se puso en acción una escena que demostraría el poder organizacional y de influencia en un mundial televisado en donde gran parte del planeta ya contaba con tv en vivo. Estados Unidos haría uso de su innovación hollywoodense para llevar su discurso liberal a cada rincón del planeta.

 

  • Los mundialistas emergentes: Tres países miembros de los BRICS (alianza de países emergentes y en desarrollo que más están creciendo en las últimas décadas, poseedores de recursos estratégicos y con poder en aumento, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) fueron elegidos como sedes de los últimos mundiales. En 2010 Sudáfrica se convirtió en sede de la Copa del Mundo alegando mostrar la inclusión de África en el Orden Mundial, la posibilidad y capacidad de organizar un espectáculo de tal magnitud luego de “superar” la política del Apartheid. Sin embargo, con categorías raciales aún vigentes que fomentan la segregación y las carencias básicas en el desarrollo humano, el despilfarro de dinero en una “celebración del primer mundo” generó malestar y cuestionamientos en cuanto a las prioridades del gobierno. Brasil fue sede en 2014 mientras al mismo tiempo se desarrollaba la investigación conocida como Lava Jato (malversación de fondos, asociación ilícita y lavado de dinero) que involucró a políticos no solo de ese país sino también de la región y fondos destinados al gasto en infraestructura para el mundial. Si bien intentaron limpiar la imágen promocionando la marca país y el turismo, el caso terminaría más tarde con el juicio político a la sucesora de Lula Da Silva, Dilma Rousseff. Rusia en 2018 albergó a las selecciones de fútbol buscando mejorar la reputación de Vladimir Putin (que prácticamente se encuentra en el poder desde el año 2000, con una alternancia simbólica 2008-2012) y promocionando una apariencia de respeto a las libertades básicas en un país sin alternancia democrática, representación ni transparencia, arrestos políticos y desaparición de opositores, y sin libertad de expresión ni respeto de las minorías. Algo similar a lo que pasa hoy en día en Qatar. (Hoy Rusia se encuentra suspendida de los campeonatos de la FIFA como sanción por la guerra en Ucrania).

 

  • Las controversias del mundial de Qatar 2022: La explosión del FIFAGATE (2015/16), el caso de soborno, fraude y lavado que involucró a los entonces miembros del Comité Ejecutivo de la FIFA y a los gobiernos de las sedes, y que suponían votos a cambio de dinero (tanto para seguir en la presidencia de la organización como para ser designado sede) demostró la corrupción dentro de la organización y de los países miembro. Desde el inicio se cuestionó la elección de Rusia y Qatar como lugares sin la infraestructura necesaria y marco normativo ideal para albergar los campeonatos alegando irregularidades. Inmediatamente aumentaron las críticas sobre violaciones a los DD.HH. por las características ideológicas, religiosas y culturales de los anfitriones. Qatar argumentó su entusiasmo por purificar los preconceptos del mundo árabe y de Medio Oriente, condenado por el terrorismo y la visión negativa y extremista del Islam, buscando presentarse como civilizados y tolerantes a las diferencias culturales con Occidente. Lamentablemente, las miles de muertes en la construcción de los estadios y condiciones habitacionales de los trabajadores, las restricciones a las libertades básicas y universales de los individuos, sobre todo de las mujeres y comunidad LGBTQ+, la explotación de los recursos en un contexto de contaminación, cambio climático y conciencia ambiental, no pudieron evitarse. Sin embargo, más allá de la sociedad civil (y con más peso) se encuentran los negocios y los recursos estratégicos que tiene Qatar: petróleo y gas, dos claves para el futuro de Europa (sobre todo luego del bloqueo a Rusia).

 

Como comentario adicional, Argentina aspira a ser sede en 2030 de forma conjunta con Chile, Paraguay y Uruguay. Nuestro país es el claro ejemplo de las oportunidades políticas y el poder que brinda el fútbol (cualidad que se replica en toda América Latina): Mauricio Macri primero presidente de Boca (CABJ), luego Presidente de la Nación y actual Presidente de la Fundación FIFA, Hugo Moyano sindicalista, ex Secretario General de la CGT, fue presidente de Independiente (CAI) y fundador del Club Atlético Social y Deportivo Camioneros, Matías Lammens ex presidente de San Lorenzo (CASLA) y actual Ministro de Turismo y Deporte de la Nación, el fallecido Julio Grondona que fue presidente del Arsenal, Independiente y de la AFA y vicepresidente de la FIFA, manteniéndose en el poder por décadas viendo pasar múltiples gobiernos. Tan solo algunos ejemplos de la plataforma futbolera que significa poder en la Argentina, que demuestra lo mucho que significa este deporte en nuestro país pero también el peso e influencia que tiene para forjar vínculos políticos y afinidad electoral, sobre todo en clubes en donde la reelección indefinida es un patrón.

 

El silencio emergente: total, todo pasa y la pelota no se mancha…

Ahora bien, las instituciones internacionales surgidas a mediados del Siglo XX que reglamentan las relaciones entre todo tipo de actores globales nos brindan un marco normativo con reglas y valores dominantes que suponen cierto control en su forma de actuar, sin embargo muchas veces forman parte de un programa discursivo pero no ejemplificador como es el caso de la FIFA.

 

En el Derecho Internacional público se denomina aquiescencia a la inacción calificada por parte de los Estados ante hechos ilícitos o comportamientos de otro Estado y que derivan en efectos jurídicos, es decir una responsabilidad. Por ende, el silencio ante determinada situación supone consentimiento de la misma. Y esto es lo que la FIFA hace, porque a pesar de no ser un organismo de derecho, representa a Estados y Regiones, a selecciones oficiales de fútbol. La FIFA promueve y defiende valores como: la igualdad, la lucha contra el racismo, los DDHH, la representación, la transparencia, la gobernabilidad y la democracia; pero a la hora de elegir sedes y autoridades, tiene actitudes maquiavélicas como si el fin justificara los medios y como si las violaciones de DDHH fuesen una cuestión necesaria de soportar para poder organizar una Copa del Mundo. Todo con el afán de tener más poder y con boicots simbólicos y discursivos que en la práctica son invisibles porque la participación sigue siendo multitudinaria.

 

Los casos mencionados ejemplifican las dos caras de una misma moneda: Una organización manchada por la corrupción y el poder en un tablero global que divide las ganancias entre sus mejores jugadores, y un deporte que fomenta un sentido de pertenencia unificador y nacionalista y que cree en el espíritu deportivo y transparencia de la competencia.

 

Gustavo Neffa escribió para Fin Gurú un artículo (el cual recomiendo: https://www.fin.guru/destacada-home/qatar-2022-mucho-mas-que-un-mundial/ ) que relaciona al rendimiento económico con el rendimiento deportivo en el mundial, y cómo los mejores resultados en el campeonato incentivan al consumo, la inversión y el crecimiento de los países que ganaron y que fueron Sede. Además, Lucía Boccio hace un análisis de la importancia del Mundial de Qatar y su influencia en el desempeño del gobierno de Alberto Fernández (https://www.fin.guru/politica-y-sociedad/la-ultima-esperanza-del-gobierno-argentina-campeon-qatar-2022-anulamos-mufa/ ).

Restará esperar para ver si el discurso se vuelve realidad o si la geopolítica le gana a los valores.

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