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11/04/22

LO PROMETIDO ES DEUDA… La protección del Amazonas, sobre el tapete

María Felicitas Biginelli y Julieta Mohadeb
Una vista aérea de un tramo quemado de la selva amazónica talado por madereros y agricultores cerca de Porto Velho, Brasil, el 29 de agosto. REUTERS/Ricardo Moraes

No tod@s estamos atentos. Y de estarlo, ¿sería suficiente?

Puesto de manera simple, no. La atención no es suficiente para “achicar” la distancia entre la ley y la práctica: la historia del Amazonas lo demuestra. La gestión brasileña del pulmón del mundo muestra cómo la falta de voluntad política lleva a incumplir algunos principios de la Constitución Nacional y Tratados Internacionales. En un primer momento, luego de la segunda posguerra, sólo se encontraba un artículo acerca del Amazonas en la Constitución: el que creaba un plan para el desarrollo económico y al que se le dio carácter permanente en 1966. El plan deja ver que, en un comienzo, la legislación del Amazonas se centraba en la explotación de sus recursos, dejando de lado su conservación.

Sin embargo, por más que al principio solo se tenía en cuenta el desarrollo económico, en 1978 se firmó el Tratado de Cooperación Amazónica, donde ocho de los nueve países que comparten el Amazonas buscaron un balance entre la preservación ambiental y el desarrollo económico. Además, este compromiso con el desarrollo sostenible se plasma una década más tarde en la Constitución Nacional de 1988, cuando se declara el derecho a un medioambiente equilibrado y la responsabilidad de los gobernantes de asegurarlo -aunque no se menciona directamente al Amazonas en la Constitución-.

Pero del dicho al hecho…

Si examinamos los gobiernos de los dos candidatos al ballotage presidencial de 2022, podemos observar que, por un lado, durante el doble mandato de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), la Amazonía brasileña perdió más de 125.000 kilómetros cuadrados de vegetación (Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil). Sin embargo, por más que en su primer mandato se dio uno de los picos más altos de deforestación, esto se fue revirtiendo, y en su segundo mandato las tasas se redujeron significativamente.

En estos últimos años, las estadísticas nos volvieron a preocupar, principalmente por los altos números de deforestación durante el gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2022): de acuerdo con el Instituto de Investigación, entre 2018 y 2021 la tasa de deforestación de la Amazonia brasileña superó los 40.000 kilómetros cuadrados. Incluso, en el transcurso de este último año informaron que ya se perdieron más de 9.000 kilómetros cuadrados de selva tropical.

Lo prometido es deuda..

Al lograr la victoria en las elecciones, Lula da Silva hereda un país altamente polarizado, lo que implicará una mayor dificultad al momento de tomar decisiones y trazar los temas de la agenda política. Lula fue reelecto tras una campaña con un fuerte foco en el medioambiente, el cual surgió en la campaña como uno de los tantos temas que diferenciaron la plataforma de los dos candidatos. El ballotage más peleado en la historia del Brasil nos deja con un nuevo interrogante.

¿Cómo es posible aplicar políticas de cuidado del medioambiente y particularmente, de protección del Amazonas, en una sociedad polarizada y donde los problemas sociales y económicos proliferan? Además, es particularmente difícil implementar políticas medioambientales cuando las consecuencias de la deforestación y destrucción no son imaginables o lo suficientemente urgentes para el grueso de la población. En cambio, son los pueblos indígenas y tribales los que sufren de manera más directa y se manifiestan más fuerte para preservar este ecosistema.

Miles de personas manifestaron un compromiso con la situación climática, que Lula convirtió en una de las las bases de su campaña. El presidente, quien fue votado ampliamente en el nordeste, no podrá volver a repetir lo sucedido en su primera gestión. El tiempo se agota. El Amazonas no es infinito y sufre. Compromisos incumplidos y gobernantes que no supieron, no pudieron o no quisieron comprometerse realmente. ¿Podrá el presidente proteger la selva tropical más importante de nuestra región y del mundo?

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