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martes 16 de agosto de 2022

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Política y sociedad

06/23/22

Competencia tecnológica: De la guerra comercial a la guerra del futuro

Stefanía Bargardi

La redefinición de la geopolítica se adaptó a la forma en que los actores compiten por el liderazgo global. No solo se trata de la erosión del poder de los Estados por nuevos actores transnacionales como empresas o movimientos, sino de la forma en que éstos se relacionan entre sí y los factores que utilizan con el fin de posicionarse por sobre el resto. Y en este último punto es donde la tecnología se vuelve clave.

La geopolítica definida por Ratzel como el estudio estratégico de las capacidades y los comportamientos de los Estados en la política internacional, ha sufrido una transformación desde la llegada de una “relativa e institucionalizada paz” desde mediados del Siglo XX. Este cambio afecta al enfoque y al objeto de estudio de esta disciplina, ya que en el periodo histórico anterior se centraba en el estudio de las características geográficas de los países, y cómo estas afectaban su accionar expansionista respecto de sus competidores militares.

Con el advenimiento de la globalización, las barreras geográficas y fronteras territoriales se volvieron casi irrelevantes en el actuar político de los Estados. Además, gracias a la institucionalización global de normas y organismos compartidos por casi la totalidad de los países del planeta, en la actualidad la competencia y el ejercicio del liderazgo se enfocan en variables económicas y comerciales.

Esta nueva realidad puede ser explicada por la geopolítica desde el nuevo enfoque económico, no a través de la expansión territorial, sino por medio de la expansión de los mercados. Para ello, el estudio de las principales potencias desarrolladas es crucial para conocer y entender el desarrollo de las relaciones internacionales en general. La posición ideológica durante la ‘Era Trump’ en los Estados Unidos no disimulaba su preocupación sobre la competencia china en cuestiones de investigación y desarrollo vinculados a la inteligencia artificial. Sin embargo, la competencia tecnológica no se limita a estos dos gigantes ya que el desborde de conocimiento y la globalización e inmediatez de los descubrimientos hacen que la etapa de ‘imitación’ se vea fácil y rápidamente superada por una nueva etapa de innovación, expandiéndose hacia el Sudeste Asiático e incluso hacia Latinoamérica. Además, las controversias sobre robo de la propiedad intelectual no encuentran solución en un sistema de patentes que solo protege los derechos de innovación con cláusula territorial, debiendo registrar individualmente los inventos en cada país. Más temprano que tarde la imitación y superación se produce.

Otra característica de la competencia tecnológica es que este tipo de empresas cobran una importancia tan relevante que se vuelven fuentes de poder y de referencia donde los individuos depositan su confianza; una vez más, erosionando el Poder de los Estados Nacionales tradicionales y sus gobiernos, incrementando la tensión entre lo público y lo privado. Como por ejemplo demuestra un estudio realizado por el Edelman Trust Barometer (2021):Las empresas emergieron como las instituciones más confiables, reemplazando al gobierno que tuvo una caída significativa desde el inicio de la pandemia de covid-19. Las empresas son las únicas instituciones consideradas tanto éticas como competentes, superando al gobierno por 48 puntos, mientras que en cuanto a ética se refiere, se acercan cada vez más a las ONG”. 

El desborde de conocimiento global lleva a que la competencia tecnológica se traslade desde una esfera económico-comercial hacia el sector educativo también. La necesidad de una modernización y actualización constante de las currículas educativas pone en jaque a las metodologías de enseñanza establecidas y poco dinámicas que no logran adaptarse a los desafíos del siglo XXI. Los sistemas educativos más avanzados tienen como pilar el denominado ‘STEM’ (Science, technology, engineering and maths): un enfoque práctico que profundiza los conocimientos de ciencias, tecnología, ingeniería y matemática, necesarios para poder desarrollar un sector clave: la inteligencia artificial. Quienes temen al avance de esta disciplina son principalmente aquellos que no tienen la posibilidad y las herramientas para convertir sus aptitudes para un mercado laboral cada vez más acotado por el reemplazo de mano de obra humana por maquinaria, y por la especialización cada vez más sofisticada de las industrias en general, la llamada ‘Economía del Conocimiento’.

Así como en el paradigma de la geopolítica territorial y comercial se cuestiona su carácter social y humanitario, debe interrogarse también en la ‘Era de la competencia tecnológica’: Detrás de los drones de caza, de una máquina o simplemente dentro de las empresas hay personas. El carácter humano que complementa una visión holística de cómo nos relacionamos, cómo competimos o cómo trabajamos, debe incluir un análisis cualitativo de carácter sensible que priorice las necesidades y las habilidades de cada persona detrás de la tecnología, o que incluso es reemplazada por ella.

Se recomienda no hablar de guerras por la connotación negativa de la palabra, pero en definitiva, la guerra del futuro se centrará en la educación. El liderazgo internacional no tendrá su base en el expansionismo territorial, sino en la innovación tecnológica. No quiere decir que las guerras tradicionales ya no se desarrollen en la actualidad y los sucesos de los últimos meses en Europa lo dejan clarísimo, sin embargo la realidad y la estadística nos demuestran que son cada vez menos frecuentes, más cortas y menos dañinas. Lo que sí es seguro es que si queremos más y mejores trabajos, una mejor calidad de vida, y un buen rendimiento económico acompañado de desarrollo sustentable y de innovación debemos crear un sistema educativo inclusivo y moderno que no le tema a la tecnología, sino que la desafíe.

 

Para más información hacé click aquí ‘La Guerra Comercial’.

Si necesitas contactarme escríbeme a stefaniabargardi@gmail.com

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