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lunes 15 de agosto de 2022

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07/18/22

Escasez de tarjetas SUBE: ¿Oportunidad histórica?

Lucas Agustín Revale

 

Hoy Argentina afronta un problema, además de todos los que tiene, muy grave a mi modo de entender la vida: el nulo o bajísimo suministro de tarjetas SUBE. Esto es de vital importancia y requiere de una atención urgente porque a mi parecer el transporte es un modo de producción indirecto, si la gente no puede viajar, por lo general no puede ir a estudiar, no puede ir a trabajar y, en fin, no puede producir. 

Carteles en kioscos de la Ciudad de Buenos Aires.

En el último año han salido notas en los principales medios de comunicación tituladas: “La odisea de conseguir una SUBE: por qué faltan y dónde conseguirlas”, “‘No hay SUBE’: Por qué se volvió un dolor de cabeza conseguir las tarjetas”, “‘Papá, perdí la tarjeta SUBE. ¿Cómo vuelvo de la escuela?’”, entre las más destacadas. Esto, sin dudas, llamó mi atención y me invitó a reflexionar.

¿A qué se debe el problema?

Este problema tiene dos verticales: problemas para la importación de plásticos y la pandemia. Como no se está pudiendo emitir plástico al ritmo en el que crece la demanda, entramos en situación de escasez y algo similar ocurre con las licencias de conducir y con las tarjetas DNI. Por otro lado, si uno indaga en los datos públicos de las tarjetas SUBE, puede ver que disminuye el nivel de actividad durante la cuarentena, pero en los años siguientes aparece un shock de demanda descontrolada que no se pudo suplir (hasta cuatro veces mayor que el ritmo normal) y genera una bola de nieve de demanda de tarjetas. En algunas de las notas se estima que es un problema que llevará años cubrir, por lo que hay que hacer algo para mitigarlo.

Hoy el funcionamiento de la tarjeta SUBE consiste en un sistema cerrado que solo admite el pago del transporte público vía una tarjeta plástica por tecnología NFC (Near Field Communication). La alternativa que se me ocurre para afrontar este problema es complementando el sistema actual con uno que admita el pago con tecnología QR, vía una aplicación móvil. Es decir, reemplazar las tarjetas plásticas por tarjetas virtuales. La razón de esto es trivial: casi nadie puede adquirir una tarjeta, pero todo el mundo tiene un móvil con capacidad de mostrar un código QR. Esto puede sonar innovador, pero en la mayoría de los países del mundo (específicamente en Asia, Europa y Estados Unidos) rige hace ya muchos años. Es cuestión de copiar y adaptar las soluciones que funcionan.

La idea es complementar ambos sistemas para no dejar a nadie afuera, en el que creo que poco a poco podría mutar completamente a un sistema virtual. Bajo mi punto de vista, es una tecnología totalmente adaptable y aceptada por la sociedad, a tal punto que se usa en la vida cotidiana. Además, ¿Cuántas veces perdiste una tarjeta plástica y cuántas veces tu teléfono móvil?

Hoy la tarjeta SUBE tiene 12 millones de usuarios activos a lo largo de todo el país (no existe en todos los municipios) y muy ligados al nivel de ingresos. El 70% aproximadamente se concentra en AMBA. Tiene un ritmo de adopción de tarjetas de 150.000 tarjetas por mes en promedio y condiciones normales. 

¿Qué otros beneficios podría traer esta idea?

Los beneficios que traería esta idea son muchos. Al Estado le cuesta solo la emisión de una tarjeta 90 pesos, según pude averiguar. Pero además las tiene que distribuir. Teniendo en cuenta las tarifas del Correo Argentino, la concentración del consumo y el ritmo de adopción de tarjetas, el Estado podría ahorrar alrededor de 460 millones de pesos por año (modelo aproximado en base a los datos obtenidos). Pero esto no es lo único, solucionar el problema de todos los que quieran viajar y no pueden por no tener una tarjeta, no tiene precio. Y como si fuera poco, la tarjeta SUBE es una tarjeta universal y como todas ellas, pesan alrededor de 5 gramos de plástico: que el Estado deje de emitir 150.000 tarjetas por mes es equivalente a dejar de emitir 9 toneladas de plástico por año.

Los costos de aplicar la solución están asociados a los dispositivos lectores de QR y NFC, por lo que investigué rondan los USD 100 y hay cerca de 30.000 unidades de transporte público alrededor de todo el país. Sobre el costo de desarrollo, hosteo y manutención de la aplicación, ya existe un equipo dedicado al desarrollo de la tecnología y la red SUBE, que dicho sea de paso, de seguro tengan proyectos similares en cartera para poder afrontar esta situación.

Cuando uno piensa una idea, la piensa no como un fin, sino como un medio para hacer algo mejor, más eficiente y que esté en constante evolución. Cuando yo pensé en la escalabilidad que esto podía tener, casi automáticamente pensé en: ¿Qué valor agrega validar una carga de sube una vez está hecha? A mi entender ninguno. Cuando se elimina una actividad que no agrega valor en un proceso, termina agregando valor porque lo hace más eficiente. Entonces, ¿por qué no abrir el sistema de pagos SUBE, para pagarlo directamente desde cualquier medio digital, evitando así el anticuado método de la recarga?

Históricamente las épocas de escasez han traído maravillosas y creativas ideas para afrontar los problemas que tiene el hombre en su vida cotidiana y este es uno más de ellos. La tecnología es el aliado más grande que tiene el ser humano en este tipo de cuestiones y la resistencia contra ella genera una gran pérdida de oportunidades. No se recurre a ella por diversión, sino para solucionar problemas.

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