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09/20/22

Microbiota Intestinal: ¿El secreto para modificar estados de ánimo, curar enfermedades y alargar la vida?

Sahira Janeir

La flora intestinal

Los microorganismos están en todas partes. En el celular, en las manijas de las puertas, en las manos antes de lavarlas e incluso después de hacerlo, y literalmente en toda la superficie de nuestra piel. ¿Asusta verdad? Pero al mismo tiempo son muy beneficiosos para nuestro cuerpo. Somos el hogar de 100 billones de microorganismos cuyo mayor porcentaje habita en el intestino, conformando la flora o microbiota intestinal. Establecemos una relación de simbiosis con estos microorganismos que sobrepasan a las células humanas al menos en una relación de 10 a 1. Podría decirse entonces que somos como el “medio de transporte” de estos microorganismos.

La clase de bacterias que habite en nuestro intestino depende del tipo de alimentación que se consuma ya que a su vez, estas se alimentan fermentando los sustratos disponibles derivados de nuestra dieta o de las secreciones endógenas y esto permite que prolifere el tipo de bacterias del tipo de alimentación específica que se consume. Por ende, una persona con una dieta variada y rica en nutrientes no tendrá la misma microbiota que una persona que consuma comida chatarra a diario. La importancia de estas bacterias además de que contribuyen con el metabolismo y el sistema digestivo del huésped, radica en que como producto de la fermentación liberan moléculas que cooperan con el desarrollo y la homeostasis del sistema inmune, y ofrecen protección al liberar sustancias que inhiben el crecimiento de microorganismos patógenos.

Además, se demostró que esta microflora no solo sería beneficiosa para nuestro cuerpo, sino que además estaría conectada con nuestro cerebro enviándole órdenes y tomando ciertas decisiones.

¿Estamos controlados por bacterias?

Si y no. Vulgarmente se dice que el intestino es el segundo cerebro ya que luego del cerebro, es el órgano con mayor concentración de neuronas. Tiene siquiera más neuronas que la espina dorsal y actúa independientemente del sistema nervioso central. La microbiota intestinal libera metabolitos y neurotransmisores que llegan al cerebro, alterando muchas de nuestras funciones fisiológicas. Una posible ruta es el nervio vago, el cual conecta directamente el cerebro con el intestino. Estas bacterias liberan el 90% de la serotonina que hay en el cuerpo, el “neurotransmisor de la felicidad” y por lo tanto, influyen en nuestro estado de ánimo. Dependiendo del particular tipo de microbiota que habite en el intestino y de los neurotransmisores que emitan, habrá un perfil de neurotransmisores serotoninérgico, dopaminérgico o catecolaminérgico, lo que generará impulsos muy diferentes en nuestra mente en cuanto al estado de ánimo y al tipo de alimentos que debemos ingerir. “Dime que microbiota tienes y te diré cómo te comportas”, asique la próxima vez que estés de mal humor, ya sabes a quien echarle la culpa.

Todo esto contribuyó a descubrir que enfermedades como el autismo, la depresión, la obesidad, y enfermedades neurodegenerativas como el alzheimer y parkinson tendrían relación con la microflora y con la secreción de moléculas específicas. Incluso, en 2021 un grupo de Canadá demostró que un determinado perfil bacteriano intestinal libera moléculas que contribuyen con la formación de la mielina y el nivel del desarrollo cerebral en bebés.

¿Cómo los obtuvimos inicialmente?

Dentro del útero de la madre, el embrión se desarrolla en condiciones estériles. Al nacer y atravesar el tracto vaginal, que como el intestino también posee su propia flora, billones de bacterias colonizan cada superficie de su cuerpo. Esta una parte esencial para la salud humana. Por eso, bebés nacidos por cesárea al no tener contacto inicial con la microflora, aumentan la probabilidad de contraer enfermedades autoinmunes, autismo, depresión, asma, y hasta leucemia. Pero puede ser reversible ya que, se tarda hasta 2 años en formar una comunidad única y saludable de microflora que se enriquece también con el contacto con otras personas y elementos luego de nacer.

Trasplantes de microbiota

En 2011 investigadores de la Universidad Karolinska, en Suecia, hallaron que podían cambiar el comportamiento de los animales simplemente modificando su composición bacteriana intestinal. Posteriormente, un estudio publicado en la revista Nature en 2015 por un grupo de investigadores de la Universidad McMaster de Canadá, demostró que la microbiota intestinal podría desempeñar un papel crucial en la inducción de la ansiedad y de la depresión tanto en ratones como en humanos. A raíz de estos descubrimientos, se realizaron experimentos que hallaron que también se podrían revertir los síntomas de obesidad, e incluso, que los trasplantes de microbiota de heces de ratones jóvenes a ratones viejos pueden retrasar los signos del proceso de envejecimiento. En 2021, se publicó la importancia de los compuestos polifenoles (presentes en frutas, verduras, y algunas legumbres) en el mantenimiento de una combinación adecuada de microbiota intestinal antienvejecimiento, las cuales los metabolizan en compuestos bioactivos que producen efectos relevantes para la salud.

Estos descubrimientos incitaron a que hoy, aplicar trasplantes de microbiota fecal sea una alternativa terapéutica que consiste en traspasar la microbiota de las heces de un donante sano (las cuales contendrán los microorganismos de interés) a uno enfermo, con la finalidad de restablecer la microbiota intestinal normal en el último, pudiendo ser aplicado para una variedad de condiciones y obteniendo progresos positivos en casos de autismos, depresiones, obesidades y hasta en infecciones intestinales. Actualmente también se están aplicando en algunos casos de parkinson y alzheimer. Para esto, no se trasplantan directamente las heces del donante, sino que se procesan y se encapsulan los microorganismos presentes antes de ser transferidos al receptor. Lo próximo que se viene sería combinar la biología sintética con esta práctica para realizar trasplantes de microbiota modificada con la técnica CRISPR Cas para que tengan un metabolismo que se adapte a la necesidad y condición de cada paciente.

La próxima vez que vayan al supermercado, recuerden priorizar los productos enriquecidos con probióticos (bacterias beneficiosas) para mantener su flora intestinal sana y evitar llegar a necesitar algún trasplante de microbiota. Como decía Louis Pasteur: “La ciencia es el futuro de la humanidad”.

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