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domingo 26 de junio de 2022

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06/07/22
Usos y desusos de las criptomonedas en Latinoamérica
Gustavo Ammaturo
06/07/22
Usos y desusos de las criptomonedas en Latinoamérica
Gustavo Ammaturo

Jean-Baptiste Lamarck fue un naturalista francés de finales del siglo XVIII y principios del XIX, que entre otros aportes fundamentales para la biología moderna planteó el concepto de “la función hace al órgano”, en relación a que el desarrollo en los órganos de los seres vivos está en relación con su necesidad de uso.

Del mismo modo que sucede con los órganos físicos ocurre con los instrumentos financieros.

Días atrás se dió a conocer un informe sobre el aumento del uso de criptomonedas en países como Argentina y Venezuela, lugares dónde la legislación y marcos regulatorios están muy lejos de incentivar el empleo de activos digitales, mientras que en El Salvador, país que ha adoptado al Bitcoin como moneda de curso legal, el esfuerzo gubernamental no ha dado los resultados esperados en relación con el uso masivo y generalizado que se esperaba.

A simple vista pareciera ser que la gente va en sentido contrario a lo que los gobiernos proponen, sin embargo si analizamos cada caso veremos como se confirma en ambos casos la teoría de Lamarck.

Argentina y Venezuela son países cuyas economías coinciden entre otras, con estas desafortunadas características:

  • Altas tasas de inflación durante largos períodos de tiempo, que han destruido la confianza de sus ciudadanos en las monedas soberanas (pesos y bolívares).
  • Diferentes tipos de cambio frente a otras monedas, en general contra el dólar americano que distorsionan los precios relativos de las cosas dentro de un mismo mercado.
  • Restricciones a las transferencias y giros de divisas, justamente porque el acceso a moneda extranjera dentro del sistema formal se ve dificultado por la poca oferta de “dólares baratos”.
  • Enorme presión tributaria que utiliza a los sistemas bancarios y financieros formales como nodos de recaudación.

Esta combinación de políticas insostenibles en el tiempo han obligado a las personas que perciben pesos o bolívares a que rápidamente hagan circular su dinero, pues si lo guardan pierden poder de compra.

De acuerdo con el nivel de ingresos de cada uno, argentinos y venezolanos, se deshacen de sus monedas soberanas, los de menores ingresos adquiriendo bienes de consumo masivo y no perecederos, los de mayores posibilidades “convirtiendo su moneda blanda en moneda dura».

¿Qué es moneda dura?

Cualquier cosa cuyo valor pueda representarse en dólares americanos de manera estable y sostenida, o que al menos, sirva de rampa para salir de una economía cuya base monetaria se desmorona diariamente.

Es aquí donde las criptomonedas entran en escena.

En la actualidad existen dos perfiles de adquirentes de activos digitales, por un lado los especuladores, que al igual que un jugador de casino o un inversor en derivados financieros, busca obtener ganancias por realizar determinadas colocaciones; por el otro, personas o empresas que utilizan a los activos digitales como un medio de procesamiento y atesoramiento de poder de compras, es decir como reserva de valor y sistema de pago.

Los primeros invierten en función a su propensión al riesgo en alguno de los miles de proyectos de activos digitales que hay, desde el tradicional bitcoin hasta la vapuleada Luna, los otros solo buscan protegerse contra la probable pérdida de valor de monedas tradicionales o de otras cripto.

Las monedas cripto estables, que cuentan con activos de respaldo en dólares son las que este segmento de mercado elige. En primer lugar, en función a su uso y emisión, se encuentra el Tether o USD T, seguido muy de cerca por el USD C.

Las cripto monedas estables prometen satisfacer algunas de las principales necesidades que tienen los ciudadanos argentinos y venezolanos:

  • Se pueden comprar en cantidad y con moneda local y vender contra dólares.
  • Las plataformas de procesamiento de transferencias cripto permiten transferir saldos a las principales plazas del mundo.
  • Todavía no existe un formato normativo y regulatorio desarrollado para que el sistema de procesamiento cripto sirva para recaudar impuestos, tal cual como lo hace con el sistema bancario.

Claramente estas posibilidades son muy seductoras para que ahorristas e inversores contemplen la alternativa critpo.

El caso de El Salvador.

El presidente de la República de El Salvador, Nayib Bukele, ha sido un fiel exponente de la utilización de las nuevas tecnologías al servicio de la política y la gestión pública.

Desde el inicio mismo de su campaña por la carrera presidencial ha utilizado redes sociales y medios digitales como plataformas fundamentales para darse a conocer y difundir sus propuestas. Es por eso que para los que lo seguimos desde sus inicios resultó previsible que avance en el sentido de los activos digitales durante su gobierno.

Esta experiencia es sumamente interesante para el análisis, pues si bien, desde el punto de vista de la usabilidad los resultados han sido regulares, hay aspectos de difusión e implementación que se realizaron en tiempos récords, inimaginables para cualquier puesta en funcionamiento de un nuevo sistema de procesamiento de pagos como alternativa a la moneda de curso legal.

Sin embargo, a pesar del esfuerzo que el gobierno de El Salvador realiza en difundir el uso del bitcoin, que incluyó entre otras acciones la apertura simultánea de millones de billeteras con saldo de 30 USD gratis para gastar en cualquier cosa, su utilización está muy lejos de considerarse masiva o exitosa.

¿Qué pasó?

Es probable que en un futuro muy cercano la mayoría de los países cuenten con propuestas digitales como alternativas de monedas curso legal. Es decir que el Estado sea el soberano de una red de procesamiento de saldos y transferencias digitales.

Sin embargo, es muy poco probable que esa alternativa sea el bitcoin o cualquier otra criptomoneda, fundamentalmente por una cuestión fundamental, la gobernanza.

Depender de una red descentralizada, con geoubicación global, administrada por terceros propone vulnerabilidades estratégicas que las vuelven no aptas para registros de gobierno.
Ahora si analizamos al bitcoin, otros factores se agregan para entender su poca usabilidad como moneda de curso legal:

El bitcoin no es estable, solo con observar las enormes variaciones que registra interanualmente queda en evidencia que un comerciante o industrial carece de las posibilidades de absorber las variaciones que experimentan las cripto no estables en sus actividades.

El costo de procesamiento es caro, pues cuanto más sube el valor del bitcoin, los costos por administrar transferencias dentro de su red nativa son cada vez más altos.

Es una red ineficiente desde el punto de vista energético y los equipos (mineros) son caros.

Otros aspectos propios de la sociedad salvadoreña se combinaron con las razones técnicas expresadas anteriormente.

Sin embargo, ninguna de las razones anteriores serían suficientes para desalentar el uso de las cripto monedas.

La principal razón para su uso yace en las circunstancias que la llevan a ser utilizadas por Argentina y Venezuela, inflación, control de cambios, restricciones en los giros e impuestos abusivos basados en el sistema bancario. En El Salvador la moneda de curso legal es el dólar americano, todos los salvadoreños confían en él y aseguran su poder adquisitivo ahorrando en esa moneda, algo que les ha servido durante los últimos 21 años y medio, es por eso que cambiar o agregar otra moneda de curso legal carece de sentido y necesidad.

Esto explica los usos y desusos de las criptomonedas en Latinoamérica. Tal cual como expresó Lamarck, la función hace al órgano.

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